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domingo, 6 de junio de 2021

La cota de malla a lo largo de la Historia

En una anterior entrada de nuestro blog pudimos ver el proceso de fabricación de una armadura de cota de malla. Hoy os vamos a hablar un poco más a cerca de esta armadura, su historia y evolución en el tiempo. ¿Porqué sobrevivió a lo largo de diez siglos, y qué acabó con ella?


Orígenes de la cota de malla

Los remotos orígenes de las primeras cotas de malla se remontan al siglo V a.C. y se atribuyen a los celtas, pueblo que destacó en el desarrollo de la antigua metalurgia.
Como ya decíamos en una anterior entrada, una armadura de cota de malla, consistía en una serie de anillos de hierro entrelazados que formaban una apretada red. Un primer anillo, de unos ocho o diez milímetros de diámetro, se unía a otros cuatro a su alrededor a los que a su vez quedaban unidos un total de cuatro comenzando a formarse con este procedimiento una especie de tejido metálico (tenéis el proceso más detallado en nuestra anterior entrada: "elaboración de una cota de anillas")

Foto 1, detalle del anillado de una cota.

El conjunto resultante era una protección resistente y muy flexible que se adaptaba perfectamente al cuerpo, permitiendo la máxima movilidad, con un peso relativamente moderado, unos veinte kilos. Quizá este peso os pueda parecer excesivo, pero pensad en que, el equipo de combate de un soldado moderno, hoy día no baja tampoco de ese peso.
Este tipo de armadura ofrecía especialmente una muy buena defensa contra los cortes de  todo tipo de armas de filo, desde los simples cuchillos, a las espadas o hachas. No obstante, las flechas y determinado tipo de lanzas o jabalinas, podían, según la fuerza del impacto, llegar a romper el compacto tejido metálico hasta llegar a alcanzar mortalmente la carne. Aun con todo, la armadura de anillas será todo un numero uno en equipo defensivo, no solo para su época sino, a lo largo de los siglos venideros.

La cota de malla en la Antigüedad

Los celtas habían creado lo más de lo más en protección personal, y su creación pervivirá en la historia, con apenas cambios, debido no solo a su efectividad en combate, sino y es algo muy a tener en cuenta a la sencillez y economía de medios de fabricación.


Foto 2. Guerrero de origen celta


Pero, ironías del destino, siglos después, serán sus enemigos quienes a la larga más partido le saquen a este invento. Los distintos e independientes pueblos europeos descendientes de los antiguos celtas, acabarán bajo el yugo romano.
Tras el saqueo de Roma por los galos cisalpinos, en el año 390 a.C., la urbe tardará algunos años en recomponerse, pero reaccionará creando un ejército fuerte y bien conexo que ampliará sus territorios primero hacia el norte a lo largo de las tres guerras samnitas, y a continuación hacia el sur de la península itálica, conquistando la denominada entonces Magna Grecia (265, ocupación de Regio, estrecho de Mesina)
Aunque no hay datos precisos con respecto a la evolución del ejército romano en este periodo en concreto ni en su táctica ni en su armamento, para finales de esta época, y poco antes de la Primera Guerra Púnica, sí se dispone ya de información precisa y detallada sobre su organización general y equipamiento militar.

La caballería romana será la primera en adoptar la armadura de malla metálica como equipación defensiva. sustituyendo progresivamente a la lóriga de cuero. Su resistencia y flexibilidad,  cualidad esta última imprescindible para combatir a caballo en aquella época (sin silla de montar, ni estribos) hizo en adelante de la cota de malla (denominada por ellos lórica hamata), la armadura estándar de la caballería romana hasta los últimos días del Imperio.
De echo conforme el ejército romano continuó evolucionando y sus dominios se expandieron, la lórica hamata comenzó a estar presente tímidamente entre determinados tipos de tropa de la infantería regular (solo entre la élite de la clases pudientes). A lo largo de las tres guerras púnicas que se sucedieron por el control del Mediterráneo, que finalizarían con la completa destrucción de Cartago en el año 146 a. C. el ejército romano fue objeto de numerosos cambios que le llevaron al perfeccionamiento de sus estrategias y equipamiento. El uso de la cota de malla se había multiplicado. 
El historiador griego Polibio, amigo cercano de Publio Cornelio Escipión Emiliano, destructor de Cartago y de Numancia, en su libro sexto de sus Historias, nos dejo un relato exhaustivo acerca del ejército romano y su organización. Para entonces la cota de malla estaba presente no solo en la caballería y algunas determinadas clases de tropa: todos los hombres pertenecientes a la clase de infantería pesada, los triarii, estaban equipados con esta protección. También los príncipes, un  tipo de infantería semipesada parece que se beneficiaron de las ventajas de esta armadura. Por último una cierta proporción de hastatii, una infantería ligera por encima de los vélites o tropa de escaramuza (seleccionados entre los más jóvenes y más pobres reclutas) aquellos hastatii que tenían entre ellos cierto poder adquisitivo, también se equipaban con armadura de anillas.

Con las llamadas reformas de Mario el ejército romano sufrirá una transformación tal que cambiará para siempre el curso de la historia de Roma como nación. El general Cayo Mario, comenzó su carrera al lado del antes mencionado Escipión Emiliano en el sitio de Numancia y se convirtió con el tiempo en uno de los grandes generales de Roma. Con sus reformas, las legiones se profesionalizan, desaparecen las diferencias de clase, ahora combaten por un sueldo y las posibilidades de botín y ascenso.
La organización cambia y con ella, entre otras cosas, el aspecto de las legiones. Las nuevas tropas van equipadas exactamente iguales, sin las distinciones clasistas que hasta entonces habían dominado en ellas. La cota de malla, elaborada a escala semi-industrial, equipará las nuevas legiones de Mario por igual en adelante.


Foto 3.  Las legiones en época republicana

Cuando César, con la afrenta de los celtas muy viva aún en la memoria colectiva de los romanos, inicia su campaña contra las Galias, los descendientes de quienes inventaron la cota de mallas ahora van al combate semidesnudos protegidos tan solo con ceremoniosas pinturas de guerra. Su suerte está echada. (frase por cierto, alea iacta est, atribuida al propio Cesar al cruzar la frontera del río Rubicón acompañado por todas sus tropas, -cosa totalmente prohibida- a su regreso triunfal a Roma, tras su victoriosa campaña en las Galias).
Pero volvamos con nuestra cota de anillas. Con el inicio de la nueva etapa imperial, aparece un nuevo tipo de armadura, la lorica segmentata. Las legiones serán equipadas de ahora en adelante con este nuevo tipo de coraza, algo más engorrosa, pero muy efectiva, tanto contra espadas, como contra lanzas y flechas.

4. Aspecto de las legiones romanas en la época imperial, equipadas con la nueva armadura de lamas.

Pero ¿significó este cambio la desaparición de la cota de anillas?
En absoluto, legiones auxiliares romanas reclutadas de pueblos asociados, serán quienes más se beneficien con el cambio, pues serán reequipadas en adelante con lórigas de anillas. De echo, con el devenir del tiempo, cuando la defensa de las fronteras del Imperio deje de estar al cargo de las legiones romanas, para pasar a cargo de sus fuerzas de aliados, la lorica segmentata desaparecerá de escena.



5. Las "legiones bárbaras" (S. IV d. C.) Aspecto de las tropas aliadas


La cota de malla en la Edad Media

Tras la caída del Imperio Romano, la cota de anillas continuó en uso tanto por  sus antiguos socios ostrogodos y visigodos, como por los diferentes pueblos bárbaros que asolaron Europa, alanos, suevos, vándalos, sobreviviendo su utilización durante toda la Edad Media hasta el siglo XVI.
La armadura de anillas, con todos estos siglos de existencia a sus espaldas, apenas había experimentado grandes cambios a lo largo del tiempo que no fueran la longitud de cuerpo (por debajo de la cintura las cortas, o hasta el muslo las más largas) o la longitud de mangas (por debajo del codo, por encima o incluso sin mangas), la propia terminación (lisa o a picos), su remate (con o sin refuerzos de cuero) y poco más. Esto en sí mismo, bien puede ser una prueba de su eficacia defensiva. Pero hay otros aspectos a tener en cuenta en relación a su supervivencia, con respecto a otras armaduras como la segmentata, como son su fácil mantenimiento y reparación.
Conservar en buen estado una de estas armaduras no era algo ni complicado, ni costoso. Para librar del oxido a sus anillas, el procedimiento empleado estaba al alcance cualquiera, resultaba eso sí, algo engorroso debido al peso y volumen de la propia armadura, pero no requería sino de tiempo. Consistía simplemente en introducir la malla en un balde con arena y frotar toda la superficie de la armadura palmo a palmo, contra la misma de manera que la fricción de ambos materiales vaya eliminando el óxido tratando de producir un desgaste mínimo de las anillas.
En cuanto a su reparación, no había necesidad de recurrir a ningún especialista en la materia o unas herramientas demasiado complejas para arreglar una rotura producida en combate. 

Foto 6. Posible aspecto de un corte, retiradas las anillas dañadas

La materia prima podría proceder de la propia armadura con solo soltar algunas anillas por ejemplo del bajo de la misma, procedimiento muy básico al alcance de cualquiera, y luego con ellas, ir uniendo el desgarro, conectando cada anilla recuperada con las otras tres desde donde comienza tal desgarro o corte, y cerrando esta anilla a continuación, de forma que siempre cada anilla quede acoplada a otras cuatro a su alrededor. A esta "nueva" se unirá otra anilla recuperada que además conectará con una de las de cada lado del corte.Y así hasta completar de "coser" el corte de la armadura.
Al explicarlo os puede sonar complicado pero en aquellos tiempos, cuando el estado de tu armadura era tu mejor defensa y sobrevivías en gran medida gracias a ella, tú eras el primer interesado en mantener en todo momento a punto tu equipo, pues te iba la vida en ello.


Evolución

A parte, como ya hemos visto, de su aspecto estético, por el que una armadura gala apenas difiere de una medieval de digamos, el siglo XI o XII,  o su longitud (las mangas se alargan hasta las muñecas y el cuerpo baja hasta proteger los muslos casi por entero con ayuda de un corte central que permite montar a caballo) hubo también una evolución tecnológica dirigida a mejorarla cota de malla, en su característica más negativa, su vulnerabilidad ante lanzas y flechas de punta estrecha.

Foto 7. Cota de anillas característica de entre los siglos XI y XII


Buscando aumentar la resistencia a la perforación, la solución pasa por alguna de estas opciones, o la combinación de varias de ellas. En todo caso encarriladas siempre a hacer la armadura más tupida y compacta:
- Reducir el espacio entre anillas haciendo estas de un diámetro menor pasando de los 10 mms. a solo 8 de algunas de ellas.
- Reducir el espacio vacío entre las anillas, colocando cinco y hasta seis anillas alrededor de cada una de ellas y no cuatro como era lo más frecuente.
- Remachar, una por una, cada anilla de la armadura, para evitar que se abran.


Con estas aportaciones demostrando su eficacia, la malla de anillas estará presente en otros elementos defensivos del equipo de combate de un caballero medieval. Los guantes o manoplas usados para proteger las manos, recubrirán su dorso de este material. Además aparecerá una nueva pieza defensiva elaborada de este material, la cofia de mallas (o también llamada en ocasiones gorgera, del francés gorgére) destinada a proteger la cabeza y el cuello del caballero (observar de nuevo foto 7).
Con la desaparición del latín como lengua común del antiguo imperio, habiendo evolucionado hacia las distintas lenguas romances, nuestra armadura cambiará también de nombre. El moderno nombre de nuestra protagonista de hoy, de cota de mallas se tiene por válido que proviene, como casi todos los términos medievales relacionados con el armamento, la heráldica y la guerra en general, del francés: cotte de mailles.

Foto 7. la armadura se alarga hasta incluir las manos y rodillas.


La armadura de malla continúa evolucionando, prolongando su longitud, hasta alcanzar las rodillas y las mangas para integrar en una sola pieza las manoplas. También aparecen nuevas piezas del mismo material a modo de calzas de malla, destinadas a proteger piernas y pies del caballero. El peso de toda esta muy engorrosa equipación, rondará ya casi los cuarenta kilos. Y su precio... desorbitado:

Un equipo completo incluyendo espada, escudo, casco y daga, podía costar unos doscientos cincuenta o trescientos sueldos, lo que supondría el coste de unos 30 bueyes.




Hacia el siglo XIV y en adelante, con la aparición progresiva de nuevas piezas metálicas de protección como grebas y quijotes para las piernas, o manteletes para manos y muñecas, la armadura de malla vuelve a reducir su tamaño, pero continuará en vigor su uso bajo las nuevas piezas durante todavía los siglos XV y XVI, demostrando ampliamente su eficacia.
Pero... ¿qué es lo que hizo entonces que esta armadura, de tan largo recorrido en la historia, desapareciera de repente?
Evidentemente fue la aparición y progresiva extensión del uso de la pólvora en los campos de batalla europeos lo que hizo del uso de esta armadura algo inútil y no solo eso sino incluso contraproducente. Los daños producidos en un ser humano por un proyectil de la época que estuviera recubierto por una cota de mallas, no harían sino multiplicarse, al convertir las anillas en auténtica metralla incrustándose en el cuerpo.


Sin embargo, la cota de malla todavía reaparecería una vez más en la historia militar, aunque de forma efímera y casi anecdótica. 
Durante la Primera Guerra Mundial, las tripulaciones de los pequeños carros de combate franceses Renault FT-17, para protegerse la cara de las continuas esquirlas que saltaban en su interior al ser alcanzados por el fuego enemigo de cierto calibre, optaron por añadir bajo su casco, una especie de máscara de cota de malla fijada al borde del mismo.

Otra entradas de este blog que puedan ser de tu interés:

- Elaboración de una cota de mallas
- La cota de escamas



martes, 11 de marzo de 2014

Elaboración de una cota de malla


La armadura de cota de malla, (del francés, cotte de mailles) o lórica hamata de las antiguas legiones romanas, consistía en una serie de anillos entrelazados que formaban una apretada red. El conjunto resultante era una protección resistente y flexible que se adaptaba perfectamente al cuerpo, permitiendo la máxima movilidad con un peso relativamente moderado.

Aunque de ella y su evolución durante la edad media, así como de otros tipos de armadura (laminar, de escamas) comunes en la época, hablaremos en unas próximas entregas, hemos querido dedicar esta de hoy exclusivamente al proceso de su elaboración, con el que estamos muy familiarizados aquí en nuestra asociación cultural, Mesaches.

Aquí subimos algunas imágenes del proceso de trabajo (lamentamos no haber realizado todo un seguimiento gráfico completo de su elaboración pero esperamos os sirva de referencia).




Creando la bobina helicoidalde la que saldrán las anillas. Al fondo una armadura de escamas


Comenzamos el proceso con la transformación de una bobina de alambre en una especie de muelle helicoidal enrrollando dicho alambre sobre un eje  con forma de manivela y de unos 8 mms de diámetro. (Foto superior)
Una vez que tenemos el eje completamente cubierto de alambre lo cortamos de la bobina y conectamos el resto de la bobina   de nuevo al eje para crear un segundo muelle. Mientras el primero se va cortando con ayuda de una tenaza muy afilada en pequeños aros exactamente idénticos.Ya tenemos nuestras primeras anillas, y ademas abierta listas para comenzar a trabajar con ellas. Cuando ya tengamos un buen montón de ellas procedemos a ir uniendo las cuatro primeras alrededor de una quinta central. Y repetiremos el proceso varias veces hasta obtener varias de estas especie de  flores de metal de cuatro pétalos. A continuación las alineamos tal como os mostramos en un grafismo que ilustra el inicio de nuestra pieza de cota de malla.




Como veis, cada anilla se unía a otras cuatro (a veces cinco) colocadas alrededor suyo remachándose a veces, la unión. El diámetro de estas anillas oscilaba entre los ocho y diez milímetros. 
Alineadas estas flores de alambre se trata ahora de unirlas entre si mediante una anilla que unirá una flor con otra, por el centro, de forma que estas anillas de conexión quedarán unidas en total a cuatro anillas dos por la derecha y dos por la izquierda.
Así creamos una especie de cinta metálica de cierta longitud (la que queramos para empezar, ya la agrandaremos cuando queramos) A esta pequeña cinta inicial, vamos añadir una nueva fila de anillas hacia abajo, Cada nueva anilla debe unirse a dos de la fila superior tal como indica el grafismo.



Detalle de la unión de las anillas

Con paciencia, anilla tras anilla, vamos transformando nuestra pequeña cinta en una banda cada vez más ancha y más larga hasta conformar una especie de tejido metálico pesado, pero muy flexible

Y así, anilla tras anilla...


Aquí tenemos nuestra primera armadura de cota de malla ya casi terminada (Muel, 2005)



El peso de la cota que veis en la imagen era ahí de unos 22 ó 23 kilos, esto, que en principio parece mucho, especialmente cuando la tienes en las manos justo antes de ponértela, (momento engorroso por cierto) una vez te la pones sorprende el que no te parece tanto, pues su peso se distribuye a lo largo del cuerpo y un primer cinturón ayuda a compensar su peso. Es a lo largo de las horas de llevarla cuando lo empiezas a notar realmente, que el cuerpo comienza ya a acusar la sobrecarga, en los hombros particularmente. 
Pero en años sucesivos todavía le añadimos algunos kilitos más, prolongándola hasta por debajo de las rodillas, y las mangas, hasta los codos. A este peso habría que añadir la capucha o cofia también de malla, pieza que podía ir por separado o bien ser toda una con el resto de la armadura.

El conjunto final resultante, de unos 27-28 kilos, es pese a lo que se pueda pensar, bastante llevadero (damos fe) pues se distribuye en cabeza, hombros y brazos. Además como ya hemos dicho este primer cinturón que hace las veces de ceñidor, ayuda a retener parte del peso de la cota. Un segundo cinturón más grueso o tahalí, absorberá el peso de las armas (entre un kilo y dos).
En la época, debemos pensar en que desde que un niño se convertía en paje de un caballero, la armadura de su señor se convertía en parte de su responsabilidad. Cargar con ella, mantenerla limpia de óxido, ayudar a colocarla, etc formaba parte de su día a día, de forma que con el paso de los años, manejar su peso se hacía algo rutinario. Al alcanzar la edad de ser nombrado él mismo caballero, vestir la cota de malla, montar a caballo con ella, pelear con ella, le resultaba ya algo completamente natural.


Para mayor información acerca de la historia y evolución de este tipo de armadura probablemente os interese buscar nuestra entrada publicada en junio del 2016: "La cota de malla a lo largo de la Historia",

Quizás os interese también consultar este enlace relativo al origen y la elaboración de la cota de escamas:
//www.blogger.com/blogger.g?blogID=5447866300272323333#editor/target=post;postID=1035737162692521903;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=0;src=postname