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domingo, 21 de mayo de 2023

Los caballeros en la mesa


La entrada de hoy en nuestro blog, está dedicada a lo que podríamos llamar costumbres y vida cotidiana.

Imaginemos... Es día de fiesta, unos de los muchos dedicados a honrar a los santos, que salpicaban asiduamente el calendario de la época. Y el señor del castillo tiene invitados ilustres...
Una de las pocas muestras de “etiqueta” en las cortes cristianas de la época era el acudir a la misa matutina celebrada antes del desayuno a la que todos los cortesanos, como era natural, debían asistir sin excusa.
Ya en la mesa, los cubiertos utilizados se limitaban al cuchillo para cortar y  la cuchara para tomar los caldos, comiendose el resto de alimentos con la mano. Las cucharas se prefería que estuvieran realizadas con asta de cuerno a las de madera, porque las primeras no mezclaban los sabores.

En la gran sala, comían y dormían por igual nobles, cortesanos, vasallos, perros y gatos. Las enormes mesas, eran simples tablas sobre caballetes, donde comían simultáneamente los cortesanos sentados en rudos bancos de madera o piedra. Al finalizar la velada, estas mesas se convertían en improvisadas camas para acomodar a los invitados.
Pesadísimos y grasientos asados, eran la dieta generalizada en la zona cristiana. Anguilas, morcilla negra, pastel de alondras y requesón... La verdura era considerada comida de gente humilde y los médicos cristianos prohibían la fruta “por la acidez”, que se decía  nociva para el estómago. 




Entre los cristianos, prácticamente no había higiene. Las prendas exteriores no se limpiaban prácticamente nunca, sin embargo las interiores de lino, solían lavarse con cierta regularidad. Los vestidos de la gente olían siempre a humo de leña que hacia las veces de “desodorante”.
Las largas barbas de los hombres y las tocas de las mujeres ocultaban gran cantidad de parásitos. El baño, hasta la segunda mitad del siglo X, fue únicamente una forma de ritual cristiano de embalsamamiento, reservado a los hombres ilustres. A finales de este mismo siglo, los cristianos comienzan a bañarse "estando vivos", por imitación de los árabes.


Pero, con el tiempo, los modales en la mesa se van puliendo, especialmente por influencia oriental. Detalles como, el aseo personal, la vestimenta, la cortesía, el uso de hornamentaciones,  o incluso ambientación musical, o de mantelería tal y como vemos en la imagen superior, fechada hacia finales del siglo XV, serán habituales ya avanzada la Edad Media.

"Un caballero cortés deberá tener siempre buen aspecto, estar limpio y bien peinado y vestir ropas ricas y hermosas, hablar bien y ser tranquilo y modesto, pero a la vez divertido y alegre. Jamás mostrarse ofensivo, tratar a las damas con especial respeto, saber mantener una conversación amena, y tener buenos modales en la mesa."

Hasta nuestros días han llegado distintos escritos de la época, que describen, las mayoría de las veces con bastante ambigüedad, numerosas recetas medievales de las diferentes culturas que cohabitaron en nuestra península en aquel tiempo. Muchas de ellas resultan sorprendentes. En nuestra Asociación hemos realizado un cuidadoso trabajo de recreación al respecto, 

Si tenéis curiosidad por el tema gastronómico, en nuestro otro blog: asociacionculturalmesaches.blogspot.com, encontraréis numerosas entradas que pueden interesaros. Buscad el post "Guía de entradas gastronómicas Mesaches" y a partir de ahí, podréis localizar historias y recetas que puedan ser de vuestro interés.



























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domingo, 9 de abril de 2023

Vida cotidiana: la vivienda popular

En una pasada entrada del 2021 dedicada también al apartado de este blog al que hemos clasificado como la vida cotidiana, hablábamos del mobiliario medieval. Hoy es momento de que dediquemos un tiempo también a la vivienda de la época.

Esquema de la entrada

- Materiales y técnicas constructivas

  . La madera
  . La piedra
  . El barro
  . Combinación de materiales

- Tipos de viviendas

   . Viviendas rurales
   . Viviendas urbanas

Siempre resulta difícil tratar de generalizar en temas tales como la gastronomía, el vestuario, o la vivienda, cuando se intenta abarcar una determinada época de larga duración, como la Edad Media y sobre una geografía tan extensa como es la Europa de aquel entonces. No obstante trataremos de hacer un resumen lo más variado posible, acerca de las viviendas más comunes en la Edad Media, sea cual sea la geografía, la de alta montaña y la del valle, la vivienda urbana y la del campo.

Empecemos por hablar de los diferentes materiales constructivos más frecuentes en la época:

La madera 

Muy abundante en aquella época en la que Europa todavía estaba cubierta de abundantes y frondosos bosques, capaces de abastecer una demanda por entonces aún sostenible. En construcción podía utilizarse, bien como un elemento estructural en vigas, muros o tejados, o bien enteramente como elemento constructivo. Las viviendas rurales de madera han estado presentes en el paisaje de la Europa del Este durante siglos, mucho después de terminada la Edad Media. 

Un elemento cálido y un excelente termoaislante, tenía como inconveniente la peligrosidad que llevaba consigo el echo de que la única manera de calentar o iluminar un espacio, era a base de utilizar el fuego. Por no hablar de los incendios provocados por ataques de invasores o bandidos...

Por lo general y para evitar que se filtre el agua o el viento, las juntas recibían una capa de mortero bien de arcilla o bien de excrementos del ganado bovino o caballar.


La piedra 

En las montañas, o allá donde la naturaleza del terreno lo permitiera, la piedra era un material de construcción nada desdeñable. Sólido como ninguno otro, bien aglomerado, una casa construida en piedra proporcionaba una perfecta y duradera protección a sus moradores. Y en caso de incendio, este se limitaría a vigas interiores o tejados, relativamente fáciles de sustituir o reconstruir. Una casa de piedra digamos "tamaño familiar" de por aquel entonces era relativamente fácil de construir si disponías de material adecuado. No importaba demasiado el tamaño o forma de las piedras. no se trataba de erigir una catedral, bastaba con subir unos muros medianamente espesos  y tan altos como ganas tuvieras de trabajar, siempre podías ganar altura al subir algo más el tejado o bien rebajar el nivel del suelo. Los muros levantados con este tipo de piedra "no trabajada" se denominan en arte paramentos de mampostería irregular o de sillar irregular y eran bastante frecuentes entre construcciones rurales. Requería algo de tiempo seleccionar cada piedra para encajar las diferentes formas de estas piedras entre si. En los huecos entre ellas se trataba de empotrar, sin forzar demasiado los guijarros más pequeños. Este estilo de trabajo en el que no se emplea ningún tipo de mortero, se denomina a cuerda seca. Emplear este sistema no quita para que una vez acabada la construcción sus habitantes no decidieran sellar por dentro o por fuera los muros con barro o excrementos para evitar la pérdida de calor.

Precisamente para evitar esto, la otra forma de trabajar este tipo de muros de piedra era utilizar algún tipo de mortero natural como la simple tierra del lugar, mezclada con agua y algo de paja menuda. El tiempo que necesitabas en hacer la masa, lo ganabas en no ser tan selectivo con las piedras. Otro tipo de mortero de la época, claro no siempre a mano, sería el que emplearía cal y arena.

En cuanto al uso de piedra tallada, por estilo de piedra a emplear, no por su tipo geológico, por su forma de tallado, los paramentos pueden estar construidos por sillares, piedras de gran tamaño labradas en forma prismática,con todas sus caras perfectamente lisas, o por sillarejos, piedras menores en forma prismática, pero con sus distintas caras labradas en basto. Unas y otras  requerían de un trabajo especializado de cantería, solo que en distinto grado, lo que suponía un tiempo y un elevado precio del producto y eran por tanto algo casi exclusivo de utilizar bien con fines bélicos en la construcción de castillos o atalayas, o bien religiosos para erigir iglesias o ermitas.

Las casas de piedra, con un mantenimiento adecuado, han logrado sobrevivir durante siglos. Si debemos encontrarles un inconveniente, ese será sin duda la frialdad tan característica del interior de estas construcciones.

El barro

El más humilde de los elementos,  resultará  posiblemente el mejor de los materiales de construcción. Es fácilmente accesible, maleable, un perfecto termoaislante... en un tiempo en que cada cual tenía que valerse por si mismo, un campesino y su familia podía construir, reconstruir, o ampliar una vivienda, con la sola ayuda de sus manos (o casi, casi como veremos).

El barro podía utilizarse básicamente en dos formas o sistemas constructivos diferentes, que no requerían unas herramientas demasiado especificas o el empleo de hornos y que ahora vamos a explicar de una forma breve y sencilla:

- Levantar muros de tapial.

Era este un sistema muy sencillo de trabajar. Consistía en ir elevando las paredes de una construcción (una vivienda, un muro divisorio...) mediante la ayuda de unas tablas de encofrado cuyo espacio entre ellas (un par de palmos como mínimo) iba rellenándose de barro entremezclado con materiales como paja,  pelo de ganado vacuno, crines de caballo... para a continuación, compactar todo ello con el peso de tu propio cuerpo pisando una y otra vez el material, o bien con la ayuda de un herramienta rudimentaria, una simple piedra plana y pesada, unida de alguna forma a un palo largo y fuerte denominada pisón. Tapial es el nombre de la tabla empleada para encofrar y tapia el nombre del muro creado con este sistema.

Un método, relativamente rápido de construcción, (precisaba dejar un tiempo prudencial de secado antes de subir la siguiente hilada de encofrado) no se precisaba como hemos visto de herramientas especiales, habilidades particulares, ni conocimientos de arquitectura para poder construirte un cobijo decente para ti y tu familia.

- Construir con adobe

Se requiere más tiempo, algo de infraestructura (muy básica eso sí) y una planificación adecuada. Un adobe es un pequeño bloque de construcción macizo echo de barro seco, pero no cocido, mezclado con algo de paja. Fabricar este tipo de bloques estaba al alcance de cualquier campesino de la época. Era preciso eso sí, construir previamente en madera un molde cuadrado que te permita una vez relleno de la mezcla de barro y paja, crear tus adobes todos iguales. Se aplasta un poco la masa para compactarla y se añade más. Se vuelve a compactar. Con ayuda de algo recto a modo de regleta, se elimina el material sobrante. Todavía en tierno, el adobe se saca de su molde y se deja secar al sol. A continuación se vuelve a rellenar el molde con la pasta y se vuelve a repetir el proceso una y otra vez. Habiendo preparado previamente una buena cantidad de masa, en una sola jornada se pueden preparar un gran número de bloques. Tras un tiempo prudencial de secado, tus adobes están listos para ser usados. 

Este elemental sistema de producción artesanal, en muchas ocasiones permitía obtener un sobrante de material que se podía intercambiar por otros productos, por lo que era frecuente que un campesino y su familia dedicase algo de su tiempo, entre faena y faena, a la producción de adobes.

Tanto las construcciones de adobe, como las de tapial, por sus características requerían de unos cuidados de mantenimiento similares. Como puede comprenderse fácilmente, unas fuertes lluvias prolongadas pueden acabar echando por tierra todo tu esfuerzo constructivo, convirtiendo tu vivienda en puro barro. Para que esto no suceda, este tipo de construcciones se cubrían con tejados de grandes voladizos. Dada la escasa altura que alcanzaban estas viviendas, este método de protección resultaba bastante eficaz aunque no suficiente. Los muros de adobe y tapial recibían una capa de revoco del mismo material, barro, como de un par de dedos de grosor. Aunque no dejaba de ser también barro seco, la función de esta capa era proteger el muro de la lluvia, de manera que en caso de que esta fuera intensa, el daño solo afectara al propio revoco. Pasadas las lluvias, bastaría con jarrar las partes afectadas donde se haya desprendido el revoco.

Por cuanto se ha dicho, puede entenderse que este tipo de construcciones son adecuadas para una geografía de clima mediterráneo, e impropias en áreas de gran pluviosidad durante todo el año. Y aunque en época de lluvias resultaran ser casas húmedas, en verano resultaban frescas pues las paredes absorbían el calor del Sol durante el día y lo expulsaban lentamente durante la noche. Y en invierno mantenían el interior relativamente cálido con el calor deprendido por el fuego del hogar.

- La réjola

Construir un edificio de réjola más comúnmente conocido este material como ladrillo cocido, tenía todas las ventajas termoaislantes de los anteriores y ninguno de sus defectos respecto a las humedades o las fuertes lluvias. Resultaban construcciones sólidas, macizas, cálidas, perdurables en el tiempo con un mantenimiento mínimo. Pero ¿donde está entonces la traba? si era un material tan bueno... (conocido ya desde la antigüedad persa) ¿por qué no se construía siempre con ladrillo? sencillamente era una cuestión de precio.

Fabricar ladrillos suponía un gran coste. Para empezar la materia prima no podía ser cualquiera. La arcilla empleada de base debería ser la adecuada, libre de impurezas, cualquier pequeña piedrecilla o similar podía hacer deformarse o incluso romperse el ladrillo durante el proceso de cocción afectando con ello a veces, no solo al propio ladrillo, sino al quebrarse, echar a perder algunos otros de los que le rodean.

Eso acarrea que los ladrillos deben fabricarse en la zona donde la arcilla es la más adecuada, y alrededor de esa zona deben establecerse los hornos adecuados para cocerlos. Además en la zona debe haber siempre leña suficiente para abastecer estos hornos, de lo contrario el transporte de la misma encarecería en producto. Sobre coste que se añadiría al propio coste de transportar el ladrillo una vez cocido, hasta el lugar de construcción. Como veis para construir en ladrillo deben darse toda una serie de circunstancias favorables que no se darán en la Edad Media, hasta bien avanzada esta. El ladrillo requiere de una demanda que sea lo bastante fuerte como para crear ese mínimo de infraestructura básica que se precisa para su fabricación, mano de obra especializada, transporte, pero lo que es más importante, una situación de estabilidad social que permita crear todo ese mundo necesario alrededor de la producción y el transporte del material. Y esto solo se consigue hacia el final del medievo.

Esa fuerte demanda provendrá al principio sobre todo de la necesidad de construir edificios imperecederos ya sea públicos como iglesias, lonjas de comercio, como privados, residencias urbanas para la nobleza, que se traslada a los nuevos centros de poder y comercio en que se transforman la ciudades, o para las nuevas clases altas emergentes que puedan permitirse tales dispendios. El grado de perfección y belleza de algunas de estas construcciones llegará a alcanzar la categoría de arte, el mudéjar.

Para el resto de los mortales, el ladrillo se limitará a ser usado ocasionalmente y por lo general como elemento estructural-decorativo en jambas de puertas o ventanas sobre todo, o en ocasiones, basamentos, aleros, o poco más, todo por supuesto, según el poder adquisitivo de cada cual.

- Combinar materiales

Sobre la base de estas tres materias primas y con arreglo a la disponibilidad del entorno, la climatología y otras circunstancias. las viviendas medievales podían construirse combinando más de una técnica buscando la máxima eficacia en el resultado final.

Bases sólidas de piedra o ladrillo evitarán las filtraciones de humedad por capilaridad. Una estructura de buena madera tabicada con tapial o adobe y reforzada en los principales ángulos con travesaños de madera soportará mejor la presión del peso de las gruesas paredes permitiendo alzar las nuevas construcciones en dos y hasta tres alturas además de añadir soportes capaces de duplicar la superficie de tejado voladizo. Si además sustituyes o incorporas un jarrado  cuya base de mortero en lugar de arcilla sea un material más resistente a la intemperie como la cal, te aseguras una vivienda capaz de resistir el paso del tiempo para ti y para tus descendientes posiblemente durante varias generaciones.


Y ahora vamos con el siguiente punto. Ya sabemos de que y como estaban construidas las viviendas medievales. Pero... ¿cómo era el aspecto del interior  de una de estas viviendas? y su exterior?

Aquí es donde más difícil puede resultar el tratar de generalizar. No obstante, vamos a tratar de dar ahora algunas pinceladas sobre el tema.

A parte de con qué tipo de material está construida y revocada una casa o si es rural o urbana hay algo que marcará el aspecto y silueta de una casa, el clima local. Los tejados de las casas deben adaptarse lo mejor posible a una climatología adversa, siendo más inclinados cuanto mayor sea el riesgo de nevadas intensas o prolongadas, mientras que serán pandos en zonas de climas suaves o incluso en terraza en los climas más secos.

La silueta también cambiará con arreglo al tipo de casa según sean rurales, viviendas más anchas y bajas de una sola planta, o urbanas, donde la importancia de sacarle el máximo partido al espacio, léase cada metro cuadrado de solar disponible, obliga a sacarle el máximo partido tanto hacia arriba construyendo una planta o incluso dos, más el altillo, como hacia abajo, excavando una bodega más o menos espaciosa.

En su interior también diferían bastante unas y otras viviendas pues tenían que adaptarse a cometidos distintos aunque en algunos aspectos similares.

Para el campesino y su familia, que pasan la vida a la intemperie ocupados en las múltiples tareas que les requieren, su vivienda era el lugar donde refugiarse de los elementos, donde dormir a cobijo, donde pasar los largos oscuros e interminables días de invierno y tal vez si llegan a alcanzar la vejez, donde descansar arropados por su familia. Pero también es el espacio donde recoger sus escasas pero valiosas herramientas, sus aperos y donde sobre todo, cobijar sus animales al oscurecer ante la amenaza de las alimañas y de los amigos de lo ajeno.

La vivienda del campesino se limitaba por lo general a una gran y única estancia polivalente. Almacén, cocina-sala de estar, durante las horas de día, se convertía en dormitorio común-cobertizo de animales durante la noche. Reduciendo su acceso a una única puerta al exterior, sin ventanas, cuidando no dar puntos débiles a su defensa, su interior era oscuro ennegrecido además por el hollín y la ceniza del hogar que todo lo envolvía (las chimeneas, tal y como hoy las conocemos tardaron en hacerse algo frecuente en el medievo).

No tan lúgubres posiblemente y mejor ventiladas fueran las viviendas urbanas. como hemos dicho más pequeñas en planta, esta solía contar con un pequeño patio o corral interior. Una puerta a la calle y otra al corral eran los únicos vanos de los muros en la primera planta o planta comedor-cocina. Aunque si eras un artesano bien podías pensar en darle mayor vista a tu trabajo con una ventana abierta al público donde se aprecie tu taller y tu obra en una especie de antesala separada de lo que sería propiamente tu espacio privado. Lo habitual además en estos casos era trabajar a la puerta de tu casa en algún tipo de caballete de quita y pon, al cobijo de alguna lona o tela vistosa o bien de algún modesto porche fijo o desmontable según, si las ordenanzas municipales lo permitían.




La planta de arriba era la ubicación de los dormitorios de la familia. Esta planta dispondría de ventanas y algún tipo de contraventanas, (los cristales tardaron mucho tiempo en hacerse algo habitual en las casas) tanto hacia el exterior como hacia el patio, para aprovechar el espacio al máximo. No era infrecuente habilitar una parte de la zona más alta de la estancia o su totalidad como una especie de almacén-granero, pues solía ser lo habitual disponer de algunos animales como gallinas o incluso cerdos para el consumo propio. Al igual que en el caso de las viviendas rurales estos animales dado su valor, se recogían en el interior de la vivienda al anochecer. Como recurso adicional con el que obtener alimento extra, muchos de estos altillos/graneros se transformarían en palomares.


Otras entradas de este blog relacionadas con la vida cotidiana en la edad Media que pueden ser de tu interés son:

-Vida cotidiana. Mobiliario medieval
- La gastronomía medieval.
- Los caballeros en la mesa.
- Los heraldos en la Edad Media.
- Copistas y miniaturistas.
- Literatura medieval en los reinos hispanos.
- Transportes y navíos de guerra.
- Ganadería y agricultura en el Aragón medieval.
- Vida cotidiana en la Edad Media .












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martes, 16 de febrero de 2021

Copistas y miniaturistas

Hoy nuestra entrada va destinada a conocer algo más de cerca el trabajo de aquellos que gracias a su esfuerzo nos han permitido conocer más de cerca la Edad Media que ahora estudiamos.


Durante la Edad Media, la cultura obtuvo su refugio en los monasterios. A pesar de la intransigencia de la Iglesia con determinadas manifestaciones de la filosofía antigua y de la vida del momento, será en sus monasterios donde protegidos de las guerras, y de la miseria sus monjes preservarán el conocimiento adquirido a lo largo de siglos pasados copiando una y otra vez los viejos manuscritos que el fuego, el olvido, o el paso del tiempo no habían echo desaparecer de la Historia. Matemáticas, filosofía, medicina astronomía...



Estos monjes especializados en la materia, recibían el nombre de copistas. Podían trabajar bien al dictado  de un lector, o bien por si mismos de libro a libro. Ellos mismos se encargaban de marcar los márgenes y cortar las hojas. Los títulos iniciales las letras capitulares, y las ilustraciones, se dejaban a otros especialistas, los llamados miniaturistas, que se encargaban de completar los manuscritos en su siguiente fase. (Los nombres de miniatura o miniaturista proceden de la palabra minium, el color rojo cinabrio, usado generalmente para rellenar la gran letra en blanco destacada al comienzo de cada capítulo). Finalmente se cosían las páginas del libro y se forraba con dos finas tablas que se recubrían con pieles o con pergamino. El objeto de estas rígidas tablas era contrarrestar la tendencia del pergamino dada su naturaleza, a doblarse y deformarse. Por ello era habitual que estas tapas recibieran refuerzos metálicos en sus esquinas, así como cierres, también de metal para impedir que se abrieran y deformasen.



A veces las tapas de estos libros podían estar ricamente decoradas, aplicándose sobre las tablas marfiles tallados, metales preciosos, esmaltes o incluso incrustaciones de pedrería.


 No solo los religiosos (generalmente benedictinos) se dedicaban a la realización de miniaturas. También existieron escuelas especializadas para laicos. Incluso grandes pintores de la época (Oderisi da Gubbio, Simón Martini, Tadeo Crivelli...) no desdeñaron trabajar en esta especialidad artística.



Aquí en España, Hacia el siglo XI particularmente las miniaturas mostrarán tendencias caligráficas e inspiraciones orientales. Más adelante, ya durante en gótico y posteriormente en el renacimiento, los maestros miniaturistas hispanos se inspirarán en miniaturas flamencas y francesas. 

Con el invento de la imprenta de Gutenberg, el arte de la miniatura iniciará su declive.

Gracias al trabajo de aquellos esforzados miniaturistas que se dejaron la vista trabajando en los scriptoriums de sus conventos o en sus talleres laicos, podemos hoy conocer  más de cerca la vida en la edad media gracias a la observación de los numerosos detalles con los que decoraron y ambientaron las múltiples escenas de los innumerables y valiosos códices que afortunadamente han llegado hasta nuestros días.


La materia prima

En la antigüedad, el papiro era el material más cercano al papel que se conocía, aunque existieron otros soportes como la arcilla, la madera, la piedra o el metal, donde dejar un testimonio por escrito.

Todas las grandes bibliotecas de aquellos tiempos estaban se encontraban repletas de ejemplares donde se atesoraban los más amplios conocimientos de la época, compitiendo incluso entre ellas al respecto. Y la materia prima más demandada para ello era  claro está, el papiro.

El papyros es una planta que crece exuberante en las pantanosas aguas del delta de Nilo. Desde Alejandría se ejercía un fuerte control de su producción en beneficio de su famosa biblioteca.

En Pérgamo ciudad situada en el Asia Menor,  cuya biblioteca rivalizaba con la de Alejandría, hartos de la situación, decidieron buscar una solución al problema del incierto suministro de tan indispensable material. Así hacia el siglo III de nuestro tiempo, a apreció un nuevo soporte para la escritura, basado en la piel de cabra o de carnero que será conocida  con el nombre de pergamino en honor a la ciudad donde se desarrolló el invento.

La idea era simple, la materia prima estaba muy al alcance y en abundancia en la zona, como para no depender del extranjero. El tratamiento que recibía la piel una vez perfectamente depilada tampoco era demasiado costoso. Se maceraba primero en agua de cal, y luego se pulía con piedra pómez. Se obtenía así un soporte tan flexible como el papiro, pero mucho más resistente. Tanto, que podía incluso rasparse y poder volver a ser reutilizado escribiendo de nuevo en él.

Por su parte la invención del papel, se atribuye a un chino llamado Tsao  (o Ts´sai)  Lun, que hacia el siglo I de nuestra era comenzó a producir este material a partir de tejidos deshilachados, corteza de árbol y viejas redes de pesca, que se deshacían hasta conseguir una pasta que, una vez extendida y seca, se convertía en una delgada hoja de lo que hoy conocemos como papel.

No será hasta el siglo VIII cuando los árabes obtengan el secreto de la fabricación del papel. En adelante las fábricas de papel se extenderán por todo Oriente Próximo. Samarkanda, Bagdad, y ya en el siglo X, Damasco, Trípoli, El Cairo... En el siglo XI se establecerá también una fábrica en Fez, y hacia el año 1150 aquí en España, en Xátiva (Valencia) donde se producirá un papel de una calidad excelente. Mucho más fino y ligero que el pergamino, el papel se irá producido cada vez en mayor cantidad y a un precio más económico, gracias a las innovadoras técnicas aplicadas a partir del siglo XIII, ganándole terreno rápidamente hasta desplazarlo por completo del hacia finales de la Edad Media.


















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