Para este año 2026, en que nuestra Asociación cultural Mesaches cumple 40 años de su fundación, hemos decidido incluir en este blog nuevos temas para combinar con los habituales de aquí, siempre con la Edad Media, como telón de fondo.
Hoy hablaremos de arte.
EL
MUDÉJAR
Un poco de historia
El avance de la reconquista fue
incorporando a territorios cristianos comunidades islámicas que prefirieron la convivencia con los cristianos, a la fuga. Una convivencia que se prolongaría durante siglos en pacífica armonía y tolerancia. Los mudéjares
musulmanes sometidos al dominio cristiano, mantendrán su religión y costumbres, aportando su
modo de vida y sus elementos artísticos, trabajando como constructores,
carpinteros, decoradores en yeso... dando lugar al nacimiento en España de un estilo artístico original en nuestra historia y el único completamente autóctono. Solo en ese marco de convivencia se puede concebir a los artistas y artesanos construyendo iglesias cristianas o sinagogas judías de acuerdos a sus particulares gustos artísticos más tradicionales.
Lamentablemente, terminada la reconquista (1492) los
mudéjares son obligados a elegir entre su expulsión o la conversión al
cristianismo. Desde 1502 en Castilla y 1526 en Aragón los mudéjares convertidos
reciben el nombre de Moriscos o cristianos nuevos.
Pero en
términos académicos, volviendo ya al tema que nos ocupa, no se puede definir simplemente el Mudéjar como “el arte
hecho por mudéjares” tal y como décadas atrás se hacía, puesto que judíos y cristianos, como hemos dicho, también lo realizaron y lo aceptaron para sus propias edificaciones.
Dentro de la variedad del mudéjar existen
algunos aspectos que predominan: su riqueza ornamental, su colorido, su originalidad... además de lo económico que resultaba. El material básico era la réjola, un ladrillo de barro macizo cocido, de una medida estandarizada en la época. Barato de producir, al ser la arcilla un material abundante y cercano de transportar, además de fácil de trabajar, sin necesidad de mano de obra especializada. Todo eran ventajas, especialmente si lo comparamos con el uso de la piedra empleada en el románico o el gótico. Este material se reservaría para la construcción de obras donde resultase imprescindible su uso, tal como puentes u otras y en el caso de edificios mudéjares, para las bases (generalmente no más de un metro por encima del nivel del suelo) y cimientos.
El uso generalizado del ladrillo ha
condicionado el grueso de sus muros, pilares o arcos. la piedra se utiliza
ocasionalmente en la base, o como refuerzo de esquinas. El yeso se usa tanto
blanqueando un muro interior como en complejas yeserías. Respecto a la
decoración mural, se desarrollan formas geométricas de lazo y vegetales
heredadas de lo musulmán, añadiéndose elementos cristianos.
El mudéjar
en Aragón
La reconquista
aragonesa se completó a lo largo del siglo XII, Zaragoza (1118), Daroca y Calatayud (1120), llegando
hasta Teruel (1171). A partir de entonces, fuera del contacto con el sur
islamizado, el desarrollo del mudéjar adquiere personalidad y autonomía
propias. El Palacio de la Aljafería, convertido en residencia oficial de los
reyes aragoneses, se convertirá en el foco fundamental de influencias del
Reino.
En
Aragón la mayor cantidad de construcciones mudéjares aparecen en el valle del
Ebro y en los del Jalón y Jiloca, zonas donde el material constructivo más
abundante es el ladrillo. Durante los siglos XII y XIII, las primeras huellas
de este arte las encontramos en las iglesias románicas de San Juan, Santa María
(Teruel)
y la torre de Santo Domingo de Daroca, comenzadas en piedra se
continúan en ladrillo. La estructura es cristiana pero la decoración es
mudéjar. De mediados del XIII es la
catedral de Teruel. Su torre y la de San Pedro son torres-puerta. Su decoración
consigue una gran riqueza de soluciones a base de ladrillo e introduce la cerámica vidriada de color,
característica, del mudéjar aragonés.
Algunas otras peculiaridades, como por
ejemplo la tendencia a la planta cuadrada son influencias del gótico levantino.
Aparece frecuentemente el tipo de iglesia de una sola nave con capillas en los
contrafuertes como por ejemplo las de San Pablo, la Magdalena, o San Gil. Una
gran manifestación del mudéjar aragonés son las torres, cuya estructura deriva
en la mayoría de los casos de los alminares musulmanes, tanto de planta
cuadrada (La Magdalena en Zaragoza, San Martín y San Salvador en Teruel) como
octogonal (San Pablo en Zaragoza y Santa María en Tauste). Es el apogeo del
arte Mudéjar.
| Torre de la iglesia de San Pablo. Zaragoza |
Durante
el siglo XVI, el mudéjar se occidentaliza con la difusión del Renacimiento. Los
elementos mudéjares van quedando ya muy apagados. No obstante, el mudéjar
continuará en vigor aún hasta el siglo XVII, sobreviviendo como estilo
arquitectónico aún mucho después de haber sido expulsados de la Península los
últimos moriscos en 1610.
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